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3.1 Crónica

La biblioteca de la selva

The Library of the Jungle



José Alexander Bustamante

Universidad de Los Andes, Mérida Venezuela

alexanderbustamante72@gmail.com


Esta crónica relata la vivencia durante marzo y agosto del año 1995 en la selva y sabana amazónica de Venezuela de Yarikajé, al sur oeste del estado Bolívar, en las instalaciones de un proyecto comunitario impulsado por el hermano jesuita José María Korta, quien lo primero que organizaba en cada lugar donde desarrolló proyectos sociales era una Biblioteca.

En este relato haremos una semblanza de la biblioteca de Yarikajé, del proyecto Ecomunidad, donde la Churuata Biblioteca como espacio circular y milenario servía para el estudio y reunión durante las tardes; de reflexión en las noches, por sus libros, sus colecciones; como centro de conocimiento de un proyecto de formación de voluntarios para el trabajo social que reunía gente de todo el país, de todas clases sociales.

Palabras clave: bibliotecas, amazonas, voluntariado, indígenas.


The Library of the Jungle

This chronicle tells of the experience in Yarikajé, in the jungle and the grasslands of the Venezuelan Amazon at the southwest of the State of Bolívar, between the months of March and August of 1995. There, José María Korta, a Jesuit, promotes the creation of libraries at the facilities of each of the community projects he’s developed.

This tale is the sketch of the library of Yarikajé, from the project Ecomunidad, where the Churuata Library serves as circular and millenary place for study and evening gatherings; for reflection at night, with its books and collections. It further serves as a centre of knowledge of a project for the instruction of volunteers in social work assembling people of all social classes across the country.

Key words: Libraries, Amazon, Volunteer, Indigenous.


Las caras cansadas las iluminaba la luz del atardecer. Estábamos despiertos desde la madrugada. El viaje se había retrasado en Caicara del Orinoco. Por fin, casi al mediodía, salimos en un camión amarillo Toyota; el destino era Yarikajé, 180 kilómetros al frente, al sur. En minutos dejaríamos la vía principal que va de Puerto Ayacucho a Ciudad Bolívar, y desde esa perpendicularidad comenzábamos una ruta de curvas y luego onduladas rectas hasta llegar al final del asfalto, donde comenzaba la vieja vía en tierra que va a las minas de diamante de Guaniamo, la misma vía del abandonado proyecto La conquista del Sur, que pretendía conectar la selva amazónica con el resto del país, fundar pueblos como San Juan de Manapiare. Una cruzada por dominar lo inhabilitado. Intentando derrotar el último bastión de la civilización/ barbarie. Para suerte de la naturaleza el proyecto fracasó en esa región. Pudo concluirse en otras, como Santa Elena de Uairen en la Gran Sabana[1].

La postal era de una carretera amarilla, rumbo al último lugar del mundo, como si no fuera ningún país, como si a nadie le importara lo que allí pasara, con algunas casas de cuando en cuando, pensando en la paradoja del viaje que nos despide de un mundo y nos presenta otro. Era el primer encuentro con la selva, con los indígenas.

De esa vía a Manapiare apenas quedan los puentes a punto de caerse (o ya se cayeron), máquinas abandonas y una vía que hasta la entrada de Guaniamo es de regular a mala. De ahí en adelante es una aventura con riesgo, es el ingreso a sabanas y morichales y a los territorios del pueblo piaroa. Relataré parte de esta experiencia, consciente de estar más cerca a un imaginario que a una reflexión plena de la literatura y la vida.

II

Un año antes, en 1994, llegó a mis manos un pequeño, vivía en aquel entonces en la ciudad fronteriza de San Cristóbal. El contenido del volante invitaba a una experiencia de formación social en la selva; dentro de la llamativa propuesta, la biblioteca era una de sus áreas para el conocimiento, lo que despertó interés en mi experiencia de lector tardío.

Después de varios encuentros y un proceso de acercamiento y de convencerme a mí y luego a mi familia que no era una trampa para alguna secta protestante norteamericana tipo Nuevas Tribus, o que no fuera un centro subversivo en contra del gobierno de Caldera, o peor, parte de la guerrilla colombiana, me lancé a la aventura; claro, parecíamos más un ingenuo grupos de guerrilleros, que aprendices de voluntarios sociales.

El proyecto estaba organizado por el hermano jesuita José María Korta, fanático de la Real Sociedad de San Sebastián e impulsador en Venezuela de la teología de la liberación, pero todos le decíamos Ajishama, que en ye`kuana remite a un personaje mitológico de nombre: Garza Blanca, una garza que bajó del cielo. Así es él, flaco, blanco, como una garza blanca. Exigente, guerrillero y humano.

La llegada de noche fue directa a la biblioteca, la luz blanca, clara y limpia salía de la puerta, tenía un panel de energía solar, se veía todo: al centro, el palo central y un pequeño jardín con unas palmas tipo jardín del Edén. En la circularidad de las paredes, los estantes de madera cubrían casi todo el espacio. Viejos y torcidos pupitres, un pizarrón para tiza pintado en la pared, un escritorio gris, de aquellos que me recuerden oficinas públicas de los setenta, una máquina de escribir, no tan vieja (luego descubriría que tenía problemas en la tecla A y en la Ñ).

La churuata despuntaba desde la distancia con su lanza milenaria, apuntando al universo con su aguja central. Dentro, la biblioteca, tenía más de dos mil libros, pero era un espacio que servía al silencio, para la reflexión matutina, para quienes no preferían la naturaleza. En las tardes, para las horas de estudio en conjunto, hacíamos una pausa para tomar chocolate con casabe. En las noches para la evaluación de la jornada, la reflexión y la planificación diaria que se conformaba por tres ejes de convivencia: democracia, disciplina y amistad. La primera, para la vida en comunidad, la segunda, como una herramienta de la exigencia del ser y la tercera, desde el amor manifestado en sus diferentes versiones del universo, como la responsabilidad.

Las mañanas se dedicaban a trabajos de siembra, de construcción o de mantenimiento de algún área: conucos, gallinas, apicultura, el acueducto, alguna reparación. Era una manera de formación desde el trabajo físico, con sol, agotador. Al mediodía un baño al río. A la una, el almuerzo, y desde las tres en punto, a la biblioteca, al estudio. Era un programa sencillo, de reflexión y conversación a partir de algunas lecturas individuales y grupales.

Mi grupo entró en marzo del año 96. Del grupo anterior apenas quedaban cuatro de quince que se lanzaron a la aventura. Cada quien podía irse cuando quisiera, sin que eso se convirtiera en una derrota personal, como debería ser la educación.

El plan era muy sencillo: siete meses en Yarikajé, luego, pero dependiendo de muchos factores, se realizaban unas pasantías en comunidades rurales, indígenas o urbanas, casi todas con organizaciones de vínculo jesuita. La navidad con la familia y vuelta en enero para entregar al grupo siguiente en marzo y salir a buscar, a partir de la experiencia de vida, un lugar en el mundo.

Justo a nuestra llegada, las responsabilidades se distribuían. En esa transición grupal se elegía el nuevo cocinero, quien estaría una semana como asistente, allí aprendería todo lo esencial, a la semana siguiente sería el cocinero principal que tendría un asistente y así cada semana en un perfecto sistema de aprendizaje desde el relevo. En las áreas las responsabilidades se daban para todo el año, a mí me tocó ser el bibliotecario y el jefe del gallinero, notable binomio. Me remitiré sólo a la biblioteca.

III

La jornada cambiaba los sábados. Durante la mañana de ese día, se ordenaba la biblioteca, en especial de un trío de apureños 100% que la desordenaban, cada día abrían un libro diferente y lo ubicaban en un lugar distinto al de donde lo habían sacado. Los libros no tenían cota ni numeración, ese era mi trabajo, ir codificando. Pero de eso se trataba, de utilizarla; una biblioteca sin gente es un sin sentido, una biblioteca cerrada es un absurdo.

La circularidad de la churuata disponía una biblioteca que tenía en sus estantes enciclopedias como la Hispánica, casi toda la biblioteca Ayacucho, la colección azul grisácea Orbis de Alianza Editorial, libros de teología de la liberación, de autogestión indígena, de filosofía, la biblia, el Corán, muchos títulos de literatura latinoamericana y venezolana, de experiencias agrícolas y una particular colección de Las venas abiertas de América Latina en unos objetos de audio que se llamaban para la época casetes, que fueron el origen de los ahora novedosos audio libros.[2]

Y en esa biblioteca fueron apareciendo obras y autores, que no se si modelaron mi destino, pero acompañaron un proceso de vida, y es ahí donde la literatura nos lleva a decir ese lugar común de que los libros son una gran compañía, pero es que en la sabana de Yarikajé y en sus bosques amazónicos fueron la gran compañía, junto con el río y los atardeceres más hermosos del universo, con el vuelo cada tarde de las guacamayas en parejas, los tucanes o las manadas de loros que cada mañana pasaban delirando, era un éxtasis de celebración de un nuevo amanecer, en medio de aquél pasaje, allí estaba, silenciosa, esperando para compartir su espacio.

Dentro de ella, ahí estaban; guardados, con su lomo descubierto, esperando cada año por nuevos visitantes y soñadores: Aprender a aprender de Pablo Freire, Más allá del bien y del mal de Nietzsche, El fenómeno humano de Teilhard de Chardin, Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, toda la obra de la teología de la liberación de Leonardo Boff, la vida del Ché Guevara escrita por un italiano que olvidé su nombre pero no su libro, La revolución de la esperanza de Eric From, En Cuba y Homenaje a los indios americanos de Ernesto Cardenal, La última tentación de Nikos Kazantzakis, una antología de poesía latinoamericana, donde recuerdo un poema de Álvaro Mutis, Días y noches de amor y de guerra de Galeano y dos libros fundamentales: Vida y Obra de Jesús de Nazaret de José Luis Martín Descalzo y los Ejercicios espirituales de San Ignacio del Loyola, estos últimos, centrales durante el mes de silencio absoluto que hicimos en el marco de un mes ignaciano, en un viaje interior a la búsqueda de uno mismo.

Durante ese mes, cada noche se convertía en una dura reflexión sobre la vida, en ese mes del silencio, cada tarde me iba desnudo por un sendero, caminaba un kilometro o más, al caer la tarde, al pasar el sendero y un manantial, llegaba a un claro donde los venados pastaban, nunca me veían. Era el sol de los venados con venados.

IV

Un trabajo documental hecho por el cineasta Pablo de la Barra y el fotográfico Emilio Guzmán registraron la vida en un documental que muestra la vida de un día en Yarikajé, para intentar mostrar a la sociedad que existía ese tipo de proyectos alternativos, pero como es de pensar tuvo poco eco. Lo sigue teniendo.

Por razones del destino y las mudanzas apenas conservo el documental en formato VHS y dos fotografías. Quiero hablar de las imágenes. Dos fotografías como documento de la memoria. Una desde afuera, la otra desde adentro de la biblioteca[3].

La primera, tipo equipo de fútbol dominguero, fue tomada el último día de dicha visita, Emilio hizo la foto a manera de despedida. De pie: Champú, el ecologista de El Vigía que sigue peregrinando por el mundo la felicidad de ser vegetariano. Hernán, un Ye´kuana del alto Caura que ahora es activista político. Estoy yo, abrazado con Mervin, un llanero de Acarigua, luego Ramón, un visitante español, esos que se hacen llamar objetor de conciencia con el pretexto de viajar a países del tercer mundo. Al centro, con su aura única, José María Korta (en su cabeza Teilhard de Chardin, Pablo Freire y San Ingancio)[4], toda su vida al servicio del pobre, de los más marginados, un ejemplo de coherencia. Le sigue Wilmer, católico de Barquisimeto, era un santo, pero en realidad era el diablo (lo vi un día con El río de Cortázar). Pablo De la Barra, chileno exiliado, según él, conoció de niño a Neruda en Isla negra; en Paris, de grande, a Cortázar, de viejo al canon (esa tarde tuvo un accidente en el río y se fracturó dos costillas)[5]. Sentados: Cachicamo, un apureño recio, experto en dominar, amansar y seducir yeguas, búfalas y burras. Omar, otro llanero, alias “El padre”, ex monaguillo, dicen que fumaba marihuana a escondidas (se identificó con un libro especial en la biblioteca: La vida de Camilo Torres, a las semanas le decíamos el Padre Torres). Víctor, pemón de la Gran Sabana, católico capuchino, experto en recolectar frutos y convertir la palma de moriche en fibra, y finalmente los dos hijos de Pablo, en una suerte de safari amazónico (Pablito el mayor, deliraba con Sendas de Oku de Matsuo Basho, traducción de Octavio Paz).

La otra foto, más reveladora, nostálgica como toda imagen en blanco y negro. Es la biblioteca en plena actividad: revolucionaria, activa, útil, liberadora. Todos descalzos, sentados en los viejos pupitres, objetos que decoraban, que luego eran instrumentos musicales; un reloj para comprender la importancia de la puntualidad; un pizarrón para explicar las ideas; los libros para ingresar al conocimiento; la olla con cacao amazónico, a modo de auto servicio; la máquina de escribir y las cartas a los amigos lejanos, para trasladar poemas malos, inventarme una historia extraña que cada día se iba construyendo: dos jóvenes que cada noche reflexionaban sobre el Ser a los pies del tepuy Acurinagua (Montaña del ratón en piaroa), es un manuscrito desaparecido. Era un ejercicio de escritura durante los días del silencio.

Al centro de la churuata biblioteca, una planta fresca y verde, entremezclada con el palo central, ese que comunica con el cosmos; la churuata es un lugar de penetración a un mundo mítico, estamos ante una composición arquitectónica mística.

V

Meses después me despedía de la biblioteca de la selva, del gallinero y de aquel paisaje único, inexplorado e insuperable. Años después el fuego la consumiría, en un habitual incendio del verano; la polilla desintegró a la de Cacurí, en el alto Ventuari.

A finales de los noventa, me convertiría en uno de los pocos visitantes de la biblioteca de San Juan de Manapiare, silenciosa y vacía, parte de la red de bibliotecas públicas de Venezuela. En la biblioteca de la selva de Manapiare tenía entrada libre: “pase tranquilo” me decía la empleada y yo imaginándome en un supermercado de los libros prestados, escogía lo que quería. Hasta ahora recuerdo tres con firmeza, los demás no tengo recuerdo: la Biografía de Caribe de Germán Arciniegas, Montevideanos de Mario Benedetti y Sobre Héroes y Tumbas de Sábato.

De Manapiare viajaba río arriba o río abajo, ya no era un soñador que caminaba desnudo para ver el sol de los venados, los meses de Yarikajé habían quedado atrás, ahora era un voluntario que asesoraba cooperativas indígenas de artesanía y cacao, pero esa es otra compleja historia que no sé si la llegue a contar.[6]Veremos qué pasa.



[1] El texto contiene cinco pie de páginas, cada uno remite a otra biblioteca.

[2] Cuando recuerdo esto, siento que las novedades tecnológicas enceguecen y hemos olvidado que lo que cambió fue la velocidad de comunicación, desde esa tecnología.

[3] Reflexionamos a partir del recuerdo fijado en un documento, la fotografía es una imagen de la memoria, los libros la hacen competente, es la supra memoria, es su representación cultural.

[4] Un filósofo, un revolucionario de la educación y la fe a un Santo que representa a Dios, era un inadaptado religioso, dudaba, pero su fe era mayor a la duda. Quizá estos si sean los libros que afectaron mi vida. La biblioteca de la selva también tenía la posibilidad de ser laberíntica.

[5] Siempre supo que era una exageración lo de la noche de exilio en París; solo, llorando, sentado a la media noche en una acera de los campos de elíseos.

[6] Me acompañó otra máquina de escribir, y con la que fui construyendo otra historia, a la que llamé primero En Caño Santo y a la que luego le puse Ventuari-Manapiare, que es el encuentro de un geógrafo que debe verificar la demarcación de los territorios indígenas. Buscará a otra voluntaria que vive en Manapiare y quien le servirá de guía por el mes que durará el viaje. Es una historia de amor y no la labor de un agrimensor kafkiano. Son 97 páginas de esa máquina de escribir. Estoy transcribiéndola. Ah! lo de guerrillero a Korta fue por cariño.


2.2 Artículos


Propuesta para una tipología de crónicas
Proposal for a Typology of Chronicles


Cecilia Cuesta C.
Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela
cecibon@gmail.com


Recibido: 26-6-2010 / Revisado: 10-10-2010

Resumen
Este trabajo busca establecer criterios para una tipología de las crónicas de la escritora venezolana Elisa Lerner con el propósito de continuar profundizando en la temática del vasto corpus lernereano. Asimismo, nos mueve el propósito de seguir la evolución de Lerner como escritora, desde sus inicios con la publicación de su primer libro en 1968, hasta el año 2002. Para canalizar estas propuestas nos acogemos a los estudios sobre tipología realizados por el investigador Afrânio Coutinho sobre la crónica del Brasil y del escritor e investigador Francisco Cota Fagundes sobre cronistas portugueses. Como resultado de este trabajo hemos agrupado, tentativamente, las crónicas de Lerner en crónicas literarias, crónicas de los medios de comunicación; crónicas de los géneros sexuales, crónicas de cine y crónicas autobiográficas.
Palabras clave: Elisa Lerner, crónica literaria, tipología



Abstract
This work seeks to establish criteria towards a typology of chronicles by Venezuelan writer Elisa Lerner with the ongoing purpose of delving further into the lernerean vast thematic corpus. It motivates us further to track Lerner's evolution from her first published book in 1968 until 2002. In order to channel these propositions we welcome typology studies by Brazilian writer Afrânio Countinho on the chronicle in Brazil and likewise have recourse to Francisco Cota Fagundes on US immigrant Portuguese writers. As an outcome, the typology of Elisa Lerner's chronicles have been tentatively grouped as literary chronicles, chronicles on communication media, chronicles on sexual genres, movie chronicles and autobiographical chronicles.

Key words: Elisa Lerner, literary chronicle, typology

Hasta hoy, Elisa Lerner ha publicado siete libros de crónicas: Una sonrisa detrás de la metáfora, (1968), Yo amo a Columbo o la pasión dispersa (1979), Carriel número cinco (Un homenaje al costumbrismo) (1983), Crónicas ginecológicas (1984), Carriel para la fiesta (1997), En el entretanto. Catorce textos breves (2000), Homenaje a la estrella (2002). Así mismo una crónica titulada “Así que pasen cien años”, editada en Venezuela siglo XX: Visiones y testimonios (2000). Sin mencionar en este espacio la obra teatral de tanta significación en Venezuela y, por supuesto, su novela De muerte lenta (2006).
Este trabajo pretende continuar y profundizar el estudio de las crónicas de Lerner que adelantamos en una primera parte en el año 2007. (Cuesta, The Norhtamerican Metaphor 101) El propósito es elaborar una tipología del vasto corpus cronístico de la escritora mencionada que facilite el trayecto temático e ideológico de su escritura. Para la tipología, nos apoyamos en las contribuciones de los investigadores Afrânio Coutinho, del Brasil y Francisco Cota Fagundes, estadounidense de origen portugués quienes, entre otros, han dedicado parte de sus investigaciones al establecimiento de criterios tipológicos de la crónica literaria.
En A Literatura no Brasil, Coutinho, da cuenta de la vasta producción de los cronistas brasileños y establece las siguientes categorías: crónica narrativa que se encuentra próxima al cuento; crónica metafísica motivada por reflexiones sobre la filosofía; crónica poema en prosa, con predominio de contenido lírico; crónica de comentario de acontecimientos, que consiste en una composición de asuntos variados; crónica informativa, la que explica hechos a los cuales agrega comentarios ligeros. Esta clasificación -refiere Coutinho- actúa de manera flexible, es decir, no define compartimentos estancos, sino que pueden mezclarse en determinado momento, lo que permite establecer posteriores clasificaciones obedeciendo a una temática particular (133).
Francisco Cota Fagundes, por su parte, en su estudio reciente “‘Uma Certa Maneira de Estar na Vida’: Eduardo Mayone Dias, Cronista da Diáspora e Outras Margems” ofrece una clasificación de las crónicas de este escritor portugués de la diáspora en los Estados Unidos. En ellas identifica uno de los denominadores comunes en la vasta producción eduardiana: “la diáspora como experiencia observada y la diáspora como experiencia vivida”. A partir de allí, Fagundes clasifica la producción eduardiana como crónica histórica, la cual se centra en la presencia de la inmigración portuguesa en los Estados Unidos, de manera especial en California; crónica de lugares, que por su variedad geográfica subdivide en crónicas de países, de ciudades, barrios y calles; crónica etnográfica, como su nombre lo indica, se refiere a las distintas actividades humanas de las cuales el cronista es un espectador; crónica-retrato, referida a personalidades históricas o a personas que el autor ha conocido en el transcurso de su vida; crónica memorialista que recrea aspectos de la vida del autor, de su infancia y adolescencia; crónica histórico-evocativa donde el autor actúa como cronista histórico en paseos imaginarios por ciudades como Lisboa. La subdivisión de las crónicas eduardianas en aspectos más específicos es un intento de facilitar el análisis de las crónicas de lugares.
Los estudios antes referidos ayudan a enfocarnos de manera más eficaz -aunque no por eso más fácil- en la cronística de Lerner. A manera de resumen, de lo expuesto por los investigadores Coutinho y Fagundes, podemos inferir que la combinación frecuente de temas es un rasgo común que permite una clasificación mayor, desde la cual se pueden deslindar otros temas para su posterior análisis.
En este sentido, establecer la tipología del corpus cronístico lernereano tiene como propósito facilitar la discusión y el análisis. Al enfrentar un extenso número de crónicas con tal intención, hallamos tres situaciones que dificultan una clasificación rigurosa. La primera es la complejidad e hibridez que caracteriza al mismo género, pues aun dentro de una misma crónica se tratan varios temas que se entrecruzan. Lo que parece ser un tema, esconde otro en su interior. Como ejemplo, basta revisar la crónica “Violette Leduc entre dos pobrezas”, del libro Una sonrisa detrás de la metáfora. Allí se toma un evento periodístico internacional -la conferencia de Nueva Delhi en los años sesenta sobre los países ricos y países pobres-, para revelar la ineficacia de tales eventos y, finalmente, se valida el argumento con la crítica sociocultural implícita en los textos literarios de Simone de Beauvoir Hermosas imágenes (1967), Violette Leduc La mujer del zorrito (1967), Oscar Lewis Los hijos de Sánchez (1961) escritores contemporáneos del momento. Lerner implica que la obra de estos autores hubiera bastado para demostrar en el plano ficcional la manera cómo viven las personas en las sociedades ricas y pobres. La aparente preocupación en un tema anunciado como literario en el título, urde más allá una crítica social, política y cultural que permite varias lecturas, a menudo sorprendentes. Esta práctica la hallaremos en la mayoría de sus textos, que en ocasiones adoptan el rigor del ensayo o se acercan al relato.
La segunda dificultad es que la autora no ha sido la única compiladora de sus libros, con excepción de Carriel Número Cinco, Carriel para la fiesta y En el entretanto. Esto se puede apreciar en las respectivas antologías prologadas por Ramón J. Velásquez, Milagros Socorro y Alexis Márquez Rodríguez. Las compilaciones restantes han seguido criterios mixtos, es decir, la autora participa en la conformación del libro, creando un panorama como “un acto de fe en la perdurabilidad de lo efímero”, al consagrar en un volumen la supervivencia de una circunstancia que le dio vida inicial; pero es necesario que la crónica sobreviva por su capacidad de ser hoy lo que fue ayer, es decir, debe trascender lo circunstancial (Fagundes 236).
Al tratar de organizar este amplio corpus cronístico escogimos los temas que se podrían asociar con aquellos más amplios y no basados en un único libro. Es decir, aunque la colección de Una sonrisa detrás de la metáfora se dedica más a la cinematografía, ese mismo tema es uno de los más recurrentes y lo encontraremos, por ejemplo, en Yo amo a Columbo y en muchas otras de sus colecciones. De esta manera nos permitimos una agrupación temática sin importar la recopilación a la que pertenecen las crónicas.
Una tercera dificultad para el estudio exhaustivo de estas crónicas es que las crónicas que conforman el resto de los libros tienen la fecha pero no el lugar en donde fueron publicadas. Se observa en Crónicas Ginecológicas (1984), por ejemplo, una secuencia temporal que se inicia en 1979 y llega hasta 1983. Lo mismo sucede con los libros restantes donde aparecen las crónicas fechadas sin el lugar de publicación anterior. Sin embargo, pareciera que las crónicas de última data son las que conforman el libro En el entretanto (2000), pues las fechas que aparecen oscilan entre 1986 y 1998. Esto contrasta con las fechas de su último libro publicado hasta ahora, Homenaje a la estrella, que recoge textos publicados en Madrid entre 1989 y 1992 y que, dada la fecha de edición en el 2002, parecieran ser los últimos.
Con estas acotaciones señaladas procedemos a la presentación de los libros y sus temáticas más prominentes. En el orden cronológico de edición, el primero es Una sonrisa detrás de la metáfora (1968), compuesto de catorce textos donde aparece la mujer norteamericana, tal como la representa el cine de Hollywood, preocupación recurrente en Lerner. Siete de estas crónicas trazan la influencia del imaginario hollywoodense en el país e interpretan los conflictos humanos generados por la gran depresión. Por otro lado, el contexto socio-político de las producciones fílmicas y sus actores, constituye para Lerner un centro de interés en el cual fija su atención y a través del cual expone su propia crítica de la cultura norteamericana. (Cuesta, The Northamerican Metafor 102)
El siguiente libro es Yo amo a Columbo (1979). Este libro es una cuidadosa selección y compilación realizada por el escritor José Balza. Consta de ocho apartados que recopilan textos escritos entre 1958 y 1978, la más voluminosa de todas las que se han realizado hasta ahora del corpus cronístico lernereano. Un total de noventa y cinco crónicas son agrupadas de acuerdo a temas que sugieren, de manera implícita, una cierta clasificación de la producción de veinte años de escritura de Elisa Lerner.
En estos textos también encontramos el tema del cine conjuntamente con otros de literatura venezolana, la telenovela producida en el país, la vida de fotógrafos anónimos, la mitología de las ciudades del Norte, la vida de la gente de color, y también la vida pública que se desarrolla en los enormes edificios de las ciudades norteamericanas. De igual manera, el cine argentino y la canción latinoamericana con privilegio de la radio como medio donde se escuchaban las voces famosas de los boleristas y los tangos de Carlos Gardel. Crónicas sobre escritores latinoamericanos como Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Manuel Puig, Adonías Filho, Silvina Bullrich y Lucila Palacios. Así también sobre escritoras norteamericanas, venezolanas, inglesas e italianas, y escritores argentinos, españoles y norteamericanos. Sin embargo, en Yo amo a Columbo, el tema privilegiado es el de los medios de comunicación masivos que aparecen en un total de veintinueve crónicas.
En la discusión del siguiente libro, apreciamos temas como el autobiográfico y el tema feminista. En efecto, Carriel Número Cinco (homenaje al costumbrismo) (1983), contiene una variedad de monólogos, diálogos y recuerdos de infancia en los que observamos los tópicos favoritos de Lerner como son el mundo de la mujer, bien sea soltera o casada y la figura de la madre, los cambios urbanos de Caracas, las artistas de cine; la mujer obesa y algún comentario sobre las mujeres judías. Está compuesto por veintiuna crónicas que pertenecen a la época de “El sádico ilustrado”, de finales de los años setenta del siglo pasado.
La situación se torna más compleja con la reedición de Carriel en el año 1997, con el título de Carriel para la fiesta. Aunque se mantiene el término “carriel”, esta vez dirige la atención en otro sentido, ahora es “para la fiesta”. Al comparar el contenido del libro, notamos que los contenidos permanecen iguales, aunque en esta segunda edición Lerner agrega cuatro nuevos textos, y los títulos de los apartados se modifican. En esta reedición aumentada ya no se refiere a monólogos sino a relatos, lo cual podría revelar una actitud más acorde con el deseo de revisión y ubicación de su proceso de escritura en el campo institucional de lo literario. Reubica los temas de tenor feminista junto a los autobiográficos, dando así la impresión de mayor unidad, hecho que se compagina con lo expresado por Michael Foucault en su artículo “¿Qué es un autor?” en cuanto a la evolución y maduración del autor y a la resolución de las contradicciones. Esta nueva conciencia autorial podemos apreciarla también cuando la misma Lerner afirma que a partir de Carriel Número Cinco, empezó “a escuchar más a la gente, más atenta al habla venezolana, con personas de carne y hueso con lo que no sólo percibí el habla sino algo más íntimo” (Socorro, “Elisa Lerner, atleta de la soledad”).
La función autorial de Lerner atraviesa aquí diferentes períodos marcados por la crítica y la historia cultural de Venezuela. En estas dos ediciones se pueden apreciar los cambios cualitativos que han tenido lugar: desde la perspectiva “costumbrista”, reflejo de una Venezuela inmersa en “la irreverencia y el impudor que iluminaron esos años” (Garmendia 10), y la de “la fiesta” editada en una Venezuela “otra”, distinta a la anterior, “como ha sido oficialmente proclamada, aunque todavía no sepamos qué forma tiene ni para dónde va” (Garmendia 9).
En la próxima publicación la autora adjetiva -desde el título mismo- a sus crónicas con el adjetivo “femenino”, más aún "ginecológico". Y la ironía no borra el gesto. Así ofrece, en los veintinueve textos de Crónicas ginecológicas (1984), su estilo, su modo personal, su mirada, desde su condición de narradora, en donde el gran tema es la mujer y la modernidad venezolanas. La mirada de Lerner sobre los años 40 y 50, es seminal en la crónica del país, al contextualizar los logros de las mujeres pioneras del período posgomecista, Las venezolanas entonces ganan espacios un poco tardíamente en relación con otras del continente americano. Da cuenta de los oficios de las mujeres costureras. La costurera caraqueña, de personaje de la vida real, se convierte en un emblema de emancipación, tal como lo apreciamos en las cronistas Gabriela Mistral y Alfonsina Storni, con las que la escritora comparte la misma preocupación. De la costurera pasa Lerner a la figura de la secretaria, figura menos doméstica que puebla las academias de mecanografía a lo largo y ancho del país. La ciudad de Caracas adquiere un significado especial por ser el lugar donde la autora creció. De ella registra la realidad cotidiana en algunos sucesos más o menos memorables de la vida citadina, como la incorporación de la radio en la vida doméstica y la fascinación con la novela radial; o la visita de Carlos Gardel de profunda huella en la educación musical del venezolano de esa época; la desaparición de íconos de la cultura metropolitana que constituyeron la localización de la incipiente vida moderna, como el Hotel Majestic. Destaca también las figuras femeninas del cine norteamericano que son utilizadas, para mostrar las estrategias de la feminidad en este tipo de sociedad. (Cuesta, “La modernidad en las Crónicas” 56)
Años después aparece la siguiente recopilación cronística, En el entretanto (2000), que reúne 14 crónicas en su mayoría autobiográficas y literarias. Lerner establece un juego entre eventos pasados y situaciones presentes, en el que desfilan personajes de la vida pública como Mariano Picón Salas, Gustavo Cabrera Infante, Pedro León Zapata, al lado de Teresa de la Parra y Rosa Montero. No escapan las referencias al cine en las figuras de Marlene Dietrich, o del cineasta Pedro Almodóvar. Las crónicas que componen este libro fueron escritas entre 1988 y 1998, según podemos apreciarlo en cada texto fechado. En la crónica “¡Oh! Susana”, retoma el tema del certamen de belleza “Miss Mundo” tratado ya en Crónicas, esta vez con la Miss Mundo del año 1955, Susana Duijm, que capturó el interés mundial. Ganar un reinado en plena dictadura perezjimenista significaba obtener el favor de un ministro, un “pequeño accidente de poder”, pues la belleza natural e ingenua de Susana Duijm inspiraba “ternura, protección, mucha simpatía” (51). Interesante el cambio de Lerner en esta crónica donde realza la imagen de la miss venezolana. Fechada en el año 1997, la mirada de Lerner sobre Susana Duijm es desde otra perspectiva más solidaria: “Susana Duijm como ninguna de nuestras sucesivas reinas de belleza (toda una manera de ver un país al detal), sólo anheló el placer irrestricto de la libertad” (51-52).
Homenaje a la estrella (2002) se compone de tres relatos de prolija escritura, marcadamente autobiográficos: “Las amigas de papá,” “Con viola al fondo del ojo,” y “Homenaje a la estrella”. Estamos ante una escritura que trastoca espacios y tiempos, y que muestra la evolución de su estilo hacia la ficcionalización de aspectos autobiográficos. Veamos un ejemplo de un texto de esta colección en “Las amigas de papá”. Allí la voz narradora describe la interioridad de una persona joven que narra las anécdotas de la vida social de la comunidad judía inmigrante. El punto de vista se sitúa en el relato inocente de la niña de los paseos sabatinos, las amigas de su papá y la presencia de la madre, de manera jocosa. Sin embargo, la ambigüedad sentimental se manifiesta con respecto a su padre y sus amigas, ante una verdad desconocida que permanece como un velo. En el libro cobra particular sentido el tema autobiográfico entretejido con su pasión por la heroína cinematográfica y la influencia del cine en su propia vida. Esta colección se distingue, además, por el uso esmerado del lenguaje donde existe un dominio de la frase y una plena madurez expresiva. En “Homenaje a la estrella”, que le da título al libro, toma la figura de Elizabeth Taylor, cuyo rostro está en la portada y ficcionaliza su anécdota pública -epítome de las actrices de Hollywood de la época- contraponiéndola por semejanza con la historia común de una mujer común. En el libro cobra particular sentido el tema autobiográfico entretejido con su pasión por la heroína cinematográfica y la influencia del cine en su propia vida. (Cuesta, The Northamerican Metaphor 118)
En “Así que pasen cien años”, Lerner, se refiere a la historia venezolana del siglo XX innovando la crónica con un estilo fresco que ironiza con humor fino y al mismo tiempo directo, la época del gomecismo hasta las últimas décadas. El uso refinado de la sátira alcanza en Lerner “una metafísica de la crítica social que, amorosamente, nos asesina” (Russotto, Dispersión 144).
La presentación realizada hasta ahora, como hemos visto, revela temas predominantes en cada uno de los libros que podríamos enunciar de la siguiente manera. En primer lugar, el tema literario; luego el tema de los medios de comunicación con la presencia de la radio y la televisión, por un lado, y el cine por el otro; la mujer y el hombre y la referencia a sus años de infancia y juventud. Para abarcarlos en categorías amplias que nos permitan los análisis de temas diferentes, hemos establecido cinco tipos de crónicas que pasamos a describir.
El primer grupo que distinguimos para la proposición de una tipología tentativa del corpus cronístico lernereano, está referido a lo que llamaremos crónicas literarias. Son aquéllas donde Lerner se refiere a la obra de algunos escritores europeos, latinoamericanos y norteamericanos, al mismo tiempo que expresa su parecer sobre asuntos que tienen que ver con la literatura en general, con la escritura femenina, en particular, y lo que significa ser escritor. En estas crónicas -alrededor de treinta y cinco- además del tema literario, se conjuga el comentario social y político. No veremos entonces una crónica literaria per se, sino el ensayo crítico que trasciende más allá de la literatura, así lo expresa Lerner: “Si somos artistas debemos buscarnos un espejo en que quepa no sólo nuestro rostro; también dolorosos reflejos del mundo, en “Notas sobre una aspirante a escritor”, Yo amo a Columbo (262).
Las crónicas de los medios de comunicación, constituyen el segundo grupo de crónicas que pasamos a describir. Ellas muestran la influencia de los medios en el proceso de modernización en América Latina en general, y venezolano en particular. La radio y el cine, en las primeras décadas del siglo XX, la televisión a partir de los años cincuenta, la canción latinoamericana representada en el bolero y, los personajes de las tiras cómicas, son los medios que privilegia Lerner, a los que infunde un contenido más profundo de lo que en apariencia denotan. Se sirve de ellos para exponer sus ideas sobre la mujer y el entorno social-histórico que la acompaña. En este segundo grupo no incluiremos el cine porque constituye capítulo aparte dada la importancia que la cronista le asigna a este medio. Los libros que recogen las crónicas de radio, televisión, boleristas y tiras cómicas son, en orden cronológico, Yo amo a Columbo, Crónicas ginecológicas, Carriel para la fiesta y En el entretanto.
Un tercer grupo es el referido a las crónicas de los géneros sexuales que tienen como centro las relaciones entre mujer y hombre. En el corpus cronístico lernereano la mujer se destaca como sujeto histórico y clave fundamental en el desarrollo de Venezuela, siendo la misma Lerner testigo y protagonista de los cambios que ellas experimentaron desde los años cuarenta en adelante. De esta manera, la mujer será un tema recurrente que le permitirá valorar el papel femenino en la sociedad, la historia y los cambios políticos, sociales y culturales de la modernización venezolana. Ella está presente en el desempeño de funciones bien sea como actriz de cine, profesional, o empleada de oficios como el de costurera. Desde el lugar que ocupe, la mujer participa en el proceso de construcción nacional y la hace testigo de una época. (Cuesta, The Northamerican Metaphor 128)
El nombre asignado de crónicas de los géneros sexuales fue señalado por Márgara Russotto quien lo estableció en su estudio sobre las Crónicas ginecológicas: “Una lúcida violencia: las crónicas de Elisa Lerner”, (Dispersión 143-149). Allí explica que la voz enunciativa, en Lerner, reafirma un nuevo modo de protagonismo femenino frente a la actitud machista del hombre. Gracias a esta nueva manera de protagonismo, la mujer ha emprendido bajo su propia iniciativa otras formas de lucha que reinvidican su imagen, como veremos, por ejemplo en las Crónicas ginecológicas. Por otro lado -señala Russotto- Lerner da cuenta de “la imaginarización del género masculino, al identificar diferentes registros de machismo como fenómeno idiosincrásico de nuestra cultura.” Cuando Lerner se refiere en sus textos al machismo, a menudo utiliza una contradicción, una dualidad cómplice, comprensiva y crítica al mismo tiempo; mientras por un lado señala el machismo como “una metáfora de la soledad y la impotencia expuestas en la barra de un botiquín”, por otro, lo trata de manera romántica cuando la voz de un bolerista como Armando Manzanero apela a la ternura del “honesto macho” (147-8). A nuestra manera de ver, en esa imaginarización de machismo “bueno” o tolerante a su manera, Lerner incluye también la imagen de su padre como se aprecia en la crónica “Las amigas de papá” referida en Homenaje a la estrella.
El cuarto tema recurrente y obsesivo es la crítica de cine, lo cual le permite a la autora hacer crítica cultural (o “estudios culturales”), a través de los filmes. Hemos tipificado estas crónicas donde es explícita la referencia a la filmografía como crónicas de cine. La mirada de Lerner se detiene particularmente en Hollywood, lo cual es un precedente inédito en la crónica femenina venezolana. En efecto, las heroínas de la gran pantalla le sirven de metáfora en el estudio de la subjetividad femenina venezolana y en la identificación con la “estrella del cine”, clave en el desplazamiento de “la fascinación onírica de la sala de cine a la idealización de nuevos valores y comportamientos de la vida cotidiana” (Martín-Barbero, Televisión y melodrama 57-60). Asimismo, le permite el comentario social, de sutil ironía, sobre la sociedad norteamericana y las estrategias de la feminidad en aquel medio. La visión feminista de Lerner, enriquecida por su percepción socio-política y cultural de la sociedad norteamericana, se revela en la crónica “Domesticidades peligrosas.” En ella, Katherine Hepburn (Morning Glory 1933) recibe un ultimátum del actor Adolphe Menjou: “El camino del éxito no permite otras alternativas para la mujer. Los hombres o el teatro” (Crónicas ginecológicas 97). Con ello, Lerner revela el conflicto, todavía vigente (y desde 1933) ampliamente apuntado por el feminismo: para la mujer el éxito profesional y el amor son caminos excluyentes. Los ejemplos anteriores, constituyen la verificación del uso del cine norteamericano para hacer crítica social con predominio de la óptica feminista progresista y pacifista. No se utiliza el cine como objeto de simple complacencia; al contrario, el cine es para Lerner un instrumento de aguda crítica a la sociedad.
La quinta clasificación la conforman las crónicas autobiográficas. La memoria de la cronista recoge los días de la infancia y juventud, bien sea en su relación con los medios de comunicación o con los días en la comunidad judía a la cual pertenecía la familia Lerner. Las crónicas autobiográficas recorren el trayecto de su niñez y juventud y también el de su escritura. En la crónica “Adolescencia en San Bernardino”, relata el paso de vivir en el barrio San Juan a otro como el de San Bernardino de amplia connotación geopolítica por albergarse allí la mayoría de la población judía de la capital. Así señala que “fueron momentos en que la guerra incendiaba praderas de Europa… la recién fundada urbanización de San Bernardino fue, entonces, una ilusión posible para que los judíos en Caracas encontrasen un domicilio solidario que pudiera salvar de la hecatombe” (Carriel para la fiesta 95). A lo largo de la historia de la ciudad de Caracas, en el siglo XX, han existido urbanizaciones o barrios donde se alojan distintas comunidades de extranjeros, por eso quizás Lerner los llama “barrios políticos”. En efecto, al relatar este hecho habla de la vocación fraternal de la ciudad capital que acogió en determinadas épocas a los que venían de otras realidades sociales y políticas, lo cual permitió conformar una sociedad enriquecida por los aportes de la inmigración. Lerner en esta crónica, y en otras donde toca el tema de sus ancestros judíos, busca comprender su pasado y establecer una línea identitaria. La vida de Lerner expresada en sus textos muestra la inestabilidad de la presencia familiar, la fragmentación, en el sentido de que no dispuso de una red familiar ante la adversidad de la guerra y porque no pudieron sus padres regresar a Rumania. Regresa al pasado no para mirar lo que está atrás sino, más bien, para encontrar lo que la define en el presente. Esta búsqueda de identidad es una marca indeleble constatable en su obra.
Hemos tratado de establecer un primer intento de una tipología del corpus cronístico de Lerner, así como el itinerario del pensamiento y la escritura de Lerner. En cuanto a lo primero, cada uno de estos grupos establecidos es susceptible de análisis más específicos por su naturaleza intrínseca, aunque podemos sugerir la existencia de un hilo conductor que caracteriza las crónicas temáticamente: la sociedad y la mujer en el proceso de modernización. Los aportes de los investigadores mencionados al comienzo de este estudio nos han permitido abordar la cronística de Lerner sin que ello signifique un trabajo concluido pues es un largo camino por recorrer para intentar desbrozar la significación de cada categoría establecida y el análisis más a fondo de la temática de cada una. Creemos en la crónica de Lerner como un gesto narrativo caracterizado por la pluralidad de temas en un breve espacio, sin profundizar en ningún tema pero con una clara invitación al lector a que lo haga, como suele expresarlo Fagundes (236). Deseamos resaltar, asimismo, que como autora, Lerner, quien comenzó su escritura en las páginas de la prensa escrita, reeditó sus crónicas en libros como en un acto de confianza en la perdurabilidad de lo efímero para que “aquello que fue pueda continuar siendo y para serlo la crónica necesita reflejar lo circunstancial; para mantener viabilidad, tiene que transcenderlo” (237).
En cuanto a la escritura de Lerner permítasenos un ejemplo. Es muy sugestivo el título de Carriel Número Cinco, y Carriel para la fiesta. Como es conocido el término “carriel”, sinónimo de “cartera”, es una prenda femenina en donde solemos guardar objetos menudos de diferente tipo, hasta un pequeño frasco de perfume que podría remitirnos ¿por qué no? a “Chanel Número Cinco” el clásico perfume francés que inmortalizó a principios de siglo XX, Gabrielle “Coco” Chanel. Con frecuencia, Lerner se refiere en su texto de 1997, a la mujer en la modernidad y, dentro de ella, a la actriz de cine Marilyn Monroe, quien justamente inmortalizó el perfume de Chanel. La asociación entre el carriel y el perfume es pertinente por cuanto la mayor parte de los textos de Lerner se refieren al tema femenino y al consumo de productos femeninos; la mujer moderna es pues la protagonista, inclusive la autora misma. Tal vez, Lerner guarde dentro de los compartimientos del “carriel”, en uno de sus bolsillos secretos, su escondido feminismo, que es a la vez su escondida feminidad. Y por otro lado, la ansiedad demostrada al inicio de su escritura desaparece en sus últimos libros. En otras palabras, es claro el intento de mostrarse como ella misma, de qué manera valora su proceso de escritura: Carriel para la fiesta ya no es el “carriel” a la antigua usanza. Lerner está ahora preparada para una mayor exposición de su identidad autorial y para su propia celebración como escritora.



Trabajos citados
Balza, José. Prólogo. Yo amo a Columbo o la pasión dispersa. Ensayos 1958-
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Coutinho, Afranio. “Ensaio e Crônica”. A literatura no Brasil. Río de Janeiro:
Universidad Federal Fluminense: 1986. 117-143.
Cuesta-Vélez, Cecilia. The Northamerican Metaphor: Filme, Literature, and
Society in the Chronicles of Elisa Lerner (January1, 2007). Electronic Doctoral Dissertations for Umass, Amherst. Paper AAI3318670.
http//scholarwork.umass.edu7dissertations/AAI3318670
Cuesta C., Cecilia. “La modernidad en las Crónicas Ginecológicas de Elisa
Lerner.” Escritoras venezolanas ante la crítica. IV Antología de la Asociación de Escritores de Mérida. Mérida: CENAL, AEM, Fondo
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Fagundes, Francisco Cota. “Uma Certa Maneira de Estar Na Vida”. Eduardo Mayone Dias Cronista da Diáspora E Outras Margems”. Desta e da Outra margem do Atlântico. Estudos de Literatura açoriana e da Diáspora. Lisboa: Edições Salamandra, 2003. 211-32.
Foucault, Michael. “¿Qué es un autor?” Comp. Jorge Dávila. Literatura y conocimiento. Mérida: Instituto de Investigaciones Literarias, Universidad
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Garmendia, Salvador. Crónicas sádicas. Caracas: Fuente/Pomaire, 1990.
Lerner, Elisa. Una sonrisa detrás de la metáfora. Caracas: Monte Ávila
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---. Yo amo a Columbo o la pasión dispersa. Ensayos 1958-1978. Caracas:
Monte Ávila Editores, 1979.

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---. Crónicas ginecológicas. Caracas: Línea Editores, 1984.
---. Carriel para la fiesta. Caracas: Editorial Blanca Pantin, 1997.
---. En el entretanto. Catorce textos breves. Caracas: Monte Ávila, 2000.
---. “Así que pasen cien años”. Coord. Asdrúbal Baptista. Venezuela siglo XX: Visiones y testimonios. Caracas: Fundación Polar, 2000. 199-218.
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Socorro, Milagros. “Elisa Lerner, una atleta de la soledad.” El Universal, 6 de
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